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Thursday, May 7, 2026 streamed.news From video to newspaper
Geopolítica Global

Confluencia de crisis geopolíticas y deuda crónica eleva el riesgo de una gran recesión global

Confluencia de crisis geopolíticas y deuda crónica eleva el riesgo de una gran recesión global

✦ Advanced Writer

Fuente original: The Wild Project


Este programa de The Wild Project abordó varios temas. Se destacan 16 segmentos por su relevancia. Cada sección enlaza directamente al momento en el video original.

Si los grandes riesgos globales que dominan los titulares te parecen desconectados entre sí, este análisis explica por qué pueden ser, en realidad, piezas del mismo puzzle.


Confluencia de crisis geopolíticas y deuda crónica eleva el riesgo de una gran recesión global

La probabilidad de una crisis económica de gran magnitud crece a medida que se acumulan disrupciones simultáneas: la disputa por la hegemonía entre Estados Unidos y China, la irrupción de la inteligencia artificial en el mercado laboral, el auge de regímenes autocráticos que actúan al margen del derecho internacional, el conflicto en Oriente Próximo y un endeudamiento global que no cesa de expandirse. Según Pablo Gil, cada uno de estos factores sería preocupante por separado; juntos, elevan significativamente el riesgo de un desenlace económico severo.

Lo que hace especialmente peligrosa esta combinación es su carácter estructural. Europa, advierte Gil, tardó demasiado en entender que las reglas del orden mundial estaban cambiando, y llega a este momento sin capacidad militar ni política real para influir en los grandes tableros. La deuda, que durante años fue sostenible gracias al coste cero del dinero, empieza ahora a pasar una factura que muchos gobiernos no saben —o no quieren— afrontar.

"Cuando tienes tantos cambios estructurales, el riesgo de que algo desenlace en una crisis económica profunda es más alto."

▶ Ver este segmento — 8:07


El bloqueo del estrecho de Ormuz dispara el precio del crudo al contado y amenaza con recesión si el conflicto se prolonga

El cierre del estrecho de Ormuz ya está teniendo un efecto directo e inmediato en los precios de los combustibles, con el petróleo al contado cotizando alrededor de 140 dólares frente a los 90 del mercado de futuros —diferencia que refleja que los mercados aún apuestan por una resolución rápida del conflicto—. Pero más allá de la gasolina, Gil señala una segunda ola de impacto: los costes logísticos más elevados, seguros de transporte más caros y la restricción al flujo de fertilizantes que transitan por el estrecho encarecerán los alimentos en las próximas cosechas, según han advertido el FMI, el Banco Mundial y el BCE.

Si el conflicto se extendiera hasta final de año, Gil considera que la probabilidad de una recesión mundial sería muy alta. Los efectos no serían iguales para todos: Estados Unidos, exportador neto de petróleo y gas, sufriría principalmente vía precio; Asia —que recibe el 80-85% del crudo que sale de Oriente Próximo— se enfrentaría a un problema de desabastecimiento; y Europa, que ya vivió su dependencia del gas ruso, tendría que competir por el gas natural licuado estadounidense contra economías asiáticas con mayor capacidad de pago.

"Si llega a diciembre, cosa que no es lo probable ni lo que se cotiza, la probabilidad de recesión es altísima. Mundial."

▶ Ver este segmento — 12:07


Trump subestimó la resiliencia iraní y busca ahora una salida pactada antes de las elecciones de medio término

La estrategia inicial de la administración Trump frente a Irán partía de un guion similar al de Venezuela: una intervención rápida que forzara la claudicación del régimen en cuestión de horas. El resultado fue muy distinto. Los ayatolás, endurecidos por décadas de sanciones y bloqueos económicos, y con una estructura de poder distribuida y resiliente, no sólo no cedieron sino que optaron por trasladar el conflicto al terreno en el que más daño pueden hacer: la economía global, a través del petróleo y el gas.

Según Gil, los asesores de Trump le están presionando para encontrar una salida negociada antes de las elecciones legislativas de noviembre, ya que el encarecimiento de la energía reproduce exactamente la dinámica inflacionaria que Trump utilizó para criticar a Biden. Netanyahu, señala, convenció a Trump de involucrarse con promesas de una victoria rápida que no llegó, y ahora la Casa Blanca busca presentar cualquier acuerdo como un triunfo propio. El riesgo, advierte Gil, es que si ese cálculo falla, el escenario alternativo es de una gravedad sin precedentes.

"Mi apuesta es a que buscarán como sea un acuerdo de paz. Estados Unidos lo venderá como una victoria, Israel lo venderá como otra y los ayatolás dirán: no han podido con nosotros."

▶ Ver este segmento — 19:48


Los aranceles de Trump no han reducido el déficit comercial de EEUU frente a China, solo han cambiado con quién se acumula

Desde que en 2018 se implementaron los primeros aranceles contra China, el déficit comercial estadounidense no ha mejorado de forma sustancial: simplemente se ha desplazado. China encontró nuevos compradores en Asia, Latinoamérica y África, mientras que Estados Unidos trasladó su déficit hacia otros socios comerciales. La lógica de la guerra arancelaria, concluye Gil, sirve más como declaración política que como herramienta eficaz para reequilibrar balanzas comerciales.

El conflicto de fondo, sin embargo, va mucho más allá del comercio. China ha pasado de ser la fábrica barata del mundo a controlar las baterías, los coches eléctricos, las tierras raras y parte de la tecnología robótica de vanguardia. Su objetivo, según Gil, no es integrarse en las reglas del orden internacional que Occidente construyó, sino imponer las suyas propias. Xi Jinping, con un mandato vitalicio, puede permitirse jugar a largo plazo mientras Trump genera fricciones con sus propios aliados, lo que indirectamente empuja a Europa y otros países hacia una mayor dependencia de Pekín.

"China no pretende ser la nueva dirigente en nuestras reglas de juego. Quieren imponer sus propias reglas, que no son las nuestras."

▶ Ver este segmento — 27:52


La desglobalización encarece el coste de vida de forma estructural al priorizar seguridad sobre precio en las cadenas de suministro

La pandemia y la guerra en Ucrania actuaron como dos revelaciones sucesivas: primero, que depender de cadenas de suministro globales para productos críticos —mascarillas, respiradores, energía— era una vulnerabilidad inaceptable; segundo, que la dependencia energética de un solo proveedor podía paralizar economías enteras. Como respuesta, los países han empezado a primar la seguridad del suministro sobre el coste, lo que implica producir más cerca aunque resulte más caro. Estados Unidos, por ejemplo, pretende relocalizar manufacturas aunque no pueda competir en precio con la mano de obra asiática.

Esta reconfiguración tiene una consecuencia directa para los ciudadanos: el coste de vida subirá de forma permanente. Una de las grandes palancas que durante décadas contuvo la inflación —la posibilidad de fabricar donde la mano de obra era más barata— se está debilitando. El resultado, advierte Gil, es una nueva división económica entre quienes tienen activos invertidos que amortiguan ese golpe y quienes llegan al supermercado con cincuenta euros que ya no alcanzan.

"Ya no pones como criterio principal lo que sea más barato, sino lo que sea más seguro. Y lo más seguro a veces cuesta más."

▶ Ver este segmento — 43:10


El auge de los drones transforma la guerra: países sin grandes armadas pueden causar daños masivos con inversiones mínimas

En menos de cinco años, los drones han pasado de ser juguetes de consumo a convertirse en armas sofisticadas que cambian el equilibrio de poder militar. Mientras un misil Tomahawk cuesta entre tres y cuatro millones de dólares, un dron de combate puede costar entre 30.000 y 40.000 euros —y generar un daño comparable—. Irán ha demostrado esta lógica en el estrecho de Ormuz: sin armada convencional ni aviación de combate significativas, ha logrado paralizar el tráfico de petróleo usando lanchas rápidas y drones baratos. Ucrania, por su parte, ha vendido tecnología antidrón a países de Oriente Próximo a cambio de petróleo.

El conflicto en Ucrania ha acelerado además un cambio en la narrativa del gasto militar occidental. Lo que en la era Biden era ayuda gratuita a Kiev, Trump lo ha convertido en un negocio: los aliados europeos deben comprarle armas estadounidenses antes de poder transferirlas a Ucrania. La combinación de tecnología de bajo coste y alto daño con una nueva lógica mercantil del apoyo militar apunta, según Gil, a una nueva carrera armamentística global.

"No hace falta ser una potencia militar al uso antiguo para poder generar mucho daño."

▶ Ver este segmento — 48:11


La inflación es ya un fenómeno estructural: Gil prevé que se mantendrá entre el 2,5% y el 3,5% de forma indefinida

La baja inflación que caracterizó la década entre 2010 y 2020 —con tasas cercanas al 1%— fue una anomalía histórica, no una norma. El error de política económica de 2020, cuando los gobiernos inyectaron liquidez masiva para sostener el consumo mientras la producción estaba paralizada, disparó la inflación a niveles no vistos en treinta años. Pero lo que preocupa a Gil no es ese episodio puntual, sino las causas estructurales que lo prolongan: la desglobalización encarece la manufactura local, la crisis energética añade presión constante sobre los precios, y la fragmentación geopolítica obliga a producir cerca aunque cueste más.

Estados Unidos no ha vuelto a su objetivo de inflación del 2% desde 2021, acumulando ya seis años por encima de ese umbral. Gil estima que el nuevo rango de equilibrio se situará entre el 2,5% y el 3,5% de forma permanente. Eso no es un detalle técnico: significa que el coste del dinero —los tipos de interés— se mantendrá más alto que en la década pasada, lo que presiona hipotecas, empresas endeudadas y estados que ya destinan sumas astronómicas a pagar intereses.

"Vamos a convivir con inflaciones entre el 2,5% y el 3,5% de forma estructural, y eso cambia automáticamente cuánto cuesta el dinero."

▶ Ver este segmento — 58:21


La deuda global supera los 350 billones de dólares y los gobiernos usan la inflación para reducirla a costa del ciudadano

La deuda global acumulada —sumando particulares, empresas y estados— supera los 350 billones de dólares, una cifra que crece de forma continua y que Gil describe como la evidencia de que las sociedades viven sistemáticamente por encima de sus posibilidades. Estados Unidos, que en 2007 tenía una deuda equivalente al 60% de su PIB, ha duplicado esa proporción hasta superar el 120%, mientras destina ya más de 1,1 billones de dólares anuales solo al pago de intereses —más de lo que gasta en su Departamento de Defensa—. Japón, con una deuda del 240% del PIB, lleva tres décadas sin crecimiento económico real.

El mecanismo para aliviar esa carga sin hacer reformas impopulares es la inflación: si los precios suben un 3-4% de forma sostenida durante una década, el valor real de lo que se debe se reduce considerablemente. Pero ese alivio para los estados se paga con el deterioro del poder adquisitivo del ciudadano. El ejemplo que utiliza Gil es ilustrativo: las ayudas repartidas en 2020 durante la pandemia fueron seguidas de una inflación que, según sus cálculos, ha erosionado un 25% de la capacidad de compra de quienes no invirtieron en los cinco años siguientes.

"Si mantienen una inflación del 3-4% de forma estructural durante 10 años, todo lo que deben se reduce mucho. Pero lo que están haciendo es agarrar al ciudadano y asfixiarlo."

▶ Ver este segmento — 1:02:09


Un escenario de impago de deuda soberana provocaría el colapso del dólar y un retorno a activos reales como el oro

Si alguna gran potencia optara por repudiar su deuda, la cadena de consecuencias sería devastadora: los tenedores de esa deuda —fondos de pensiones, bancos, tesorerías de otros países— intentarían venderla simultáneamente, derrumbando su precio y disparando los costes de financiación hasta niveles insostenibles. El dólar, moneda refugio por excelencia, perdería su razón de ser, y activos como el oro podrían alcanzar precios sin precedente. Gil cita el análisis del gestor Ray Dalio sobre los ciclos imperiales: el final de los grandes imperios suele combinarse con conflictos civiles, guerras externas y el colapso de la moneda hegemónica.

Este escenario es hipotético y Gil lo presenta como tal, pero no lo descarta. Lo que lo hace relevante es que el sistema actual se sostiene exclusivamente sobre la confianza: el dinero en cuentas bancarias no tiene respaldo físico real, y si esa confianza se quebrara, nadie —ni ricos ni pobres— quedaría al margen. La crisis griega de 2010-2011, recuerda Gil, demostró que incluso una economía pequeña puede desestabilizar el sistema europeo; lo que ocurriría con una potencia del tamaño de Estados Unidos sería de un orden de magnitud incomparablemente mayor.

"Como dice Ray Dalio, el final de los imperios suele producir conflicto social, conflicto externo y, con el tiempo, un cambio de la moneda que ha sido el pilar del sistema."

▶ Ver este segmento — 1:16:37


La renta per cápita se estanca en España mientras el PIB crece: la clase media paga el precio de la inflación y los impuestos

El crecimiento del PIB español —que ha superado al de buena parte de Europa e incluso al de Estados Unidos en algunos trimestres— no se traduce en mejora del bienestar individual porque el pastel crece, en parte, gracias a la incorporación de cuatro millones de inmigrantes en ocho años. Cuando se divide ese crecimiento entre más personas, el pedazo per cápita no aumenta. A esto se añade que la inflación ha encarecido la alimentación alrededor de un 36%, la gasolina cerca de un 35% y la vivienda en torno a un 30%, mientras los salarios han crecido apenas un 10% de media en el mismo periodo. El resultado neto, según Gil, es una pérdida de poder adquisitivo de entre el 15% y el 25% para quienes no tienen activos invertidos.

El principal damnificado es la clase media, que ni se beneficia de la subida de los activos financieros e inmobiliarios —por no tenerlos— ni está protegida por los subsidios que amparan a las rentas más bajas. Gil apunta además a un efecto perverso de no deflactar el IRPF: quienes han visto subir su salario nominal quedan encuadrados en tramos impositivos más altos sin haber ganado poder de compra real, lo que equivale a un aumento encubierto de la presión fiscal.

"España crece, pero tú no. Por eso no lo notas en el bolsillo."

▶ Ver este segmento — 1:26:27


El sistema de pensiones es insostenible: las soluciones reales exigen sacrificios que ningún político quiere proponer

Las pensiones consumen ya cerca del 20% del presupuesto anual español, y la gasto social total —incluyendo ayudas al desempleo y subsidios— roza el 40%. El problema es matemáticamente irresoluble sin cambios drásticos: la pirámide de población se ha invertido, la esperanza de vida ha pasado de los 75 a los 85-90 años —muy por encima de lo que el sistema fue diseñado para cubrir—, y la tasa de paro juvenil en España se encuentra entre las más altas de Europa, reduciendo la base de cotizantes. El sistema fue concebido para un mundo que ya no existe.

Las tres palancas posibles —trabajar más años, pagar más impuestos o tener más hijos— son políticamente inviables o insuficientes por sí solas. Ningún político con un mandato de cuatro años está dispuesto a defender reformas cuyos costes se sienten de inmediato y cuyos beneficios llegan décadas después. Gil señala que la única solución honesta implicaría repartir el sacrificio entre todas las generaciones, algo que requeriría una política fiscal muy agresiva de incentivos a la natalidad y al empleo joven, combinada con una reducción paulatina de prestaciones que afectara a todos por igual.

"Le tendrías que decir al ciudadano: este modelo estaba creado para que usted muriese a los 75 y ahora resulta que viven hasta los 85 o los 90. No salen las cuentas."

▶ Ver este segmento — 1:44:52


Mantener el dinero en el banco equivale a perder hasta un 25% de poder de compra en cinco años, advierte Pablo Gil

Tener 10.000 euros en una cuenta corriente en 2020 y no haberlos movido equivale, en 2025, a disponer de unos 7.500 euros en términos de poder adquisitivo real, dado que el coste de la vida ha subido alrededor de un 25% en ese periodo. Gil subraya que esta no es una metáfora: es la erosión cuantificable que produce la inflación sobre el ahorro inmovilizado. La pérdida es segura y continua; la única variable es su velocidad.

Ante esta realidad, Gil defiende que el momento en que se empieza a invertir importa más que la cantidad inicial. Quien comienza a invertir 500 euros anuales —menos de 50 euros al mes— a los 25 años con una rentabilidad media del 6% acumula alrededor de 88.000 euros al jubilarse. Si espera diez años más y empieza a los 35, con las mismas condiciones, esa cifra cae a la mitad. Su consejo operativo es automático: derivar una pequeña parte del salario a una cuenta de inversión separada el mismo día en que se cobra, de modo que el dinero nunca llegue a percibirse como disponible.

"Si no inviertes, pierdes seguro al ritmo de la inflación. Puede ser una pérdida más lenta o más rápida, pero pierdes seguro."

▶ Ver este segmento — 1:53:16


De las letras del tesoro al Bitcoin: una guía práctica de inversión para distintos perfiles de riesgo

El primer paso para cualquier inversor, según Gil, no es elegir un producto sino determinar honestamente el perfil de riesgo propio: una persona conservadora que invierte en activos volátiles venderá en el peor momento, mientras que una persona arriesgada en renta fija se desesperará por la lentitud. Una vez claro ese perfil, propone una escala de productos ordenada por riesgo creciente: letras del tesoro —que ofrecen entre el 2,5% y el 3,5%, suficiente para no perder frente a la inflación—, bonos corporativos con algo más de rentabilidad, inversión inmobiliaria vía tokenización a partir de 100 euros con rentabilidades del 10-12%, renta variable a través de ETFs diversificados por geografía, y activos reales como el oro —que no genera rendimientos pero preserva el poder de compra a siglos vista— y Bitcoin, único criptoactivo que Gil equipara a dinero real por su tamaño y capitalización.

Para ilustrar la capacidad del oro como reserva de valor, Gil señala que en 1890 se necesitaban menos monedas de oro para comprar una vivienda que hoy, mientras que en billetes de dólar la cantidad necesaria ha pasado de unos pocos a 500.000. La premisa que une toda la estrategia es el interés compuesto: reinvertir sistemáticamente los rendimientos para que la rentabilidad se aplique no solo al capital original, sino también a las ganancias acumuladas.

"Lo mejor es que el traje sea a medida. Primero determina qué porcentaje de tu salario no vas a ver, y que ese dinero se transfiera automáticamente el mismo día que cobras."

▶ Ver este segmento — 1:57:08


Diversificación automática en bolsa, oro, Bitcoin e inmobiliario: la estrategia que Gil aplica con su propio hijo

Cuando uno de sus hijos, de unos 21 años, le pidió consejo para invertir pensando en la jubilación sin dedicar tiempo a seguir los mercados, Gil diseñó una cartera dividida en tres bloques: renta variable distribuida en partes iguales entre Europa, Estados Unidos y mercados emergentes —mediante ETFs que replican índices como el Stoxx, el S&P 500 y el EEM de iShares—; activos reales consistentes en oro vía ETF con réplica física de al menos el 85% y Bitcoin comprado directamente en un exchange; y una posición en el sector inmobiliario a través de préstamos a promotores, accesible desde 250 euros. Las aportaciones se realizan de forma automática cada cuatro meses, independientemente del precio de mercado, eliminando así la tentación de sincronizar compras con los ciclos del mercado.

La filosofía subyacente, que Gil ilustra con el ejemplo de los Ferrari, es que el inversor tiende a comprar cuando los precios son altos —empujado por el entusiasmo colectivo— y a vender cuando son bajos, haciendo exactamente lo contrario de lo que maximiza el retorno. Su propia mejor jugada la sitúa en la pandemia: anticipando que la combinación de dinero repartido y mundo paralizado generaría inflación, compró oro, criptomonedas e inmuebles —incluyendo una casa adquirida en 48 horas en octubre de 2020— con resultados que describe como los más satisfactorios de su carrera.

"En bolsa la gente se muere por comprar el Ferrari de 1.200.000. Cuanto más alta está, más euforia compradora hay. Y cuando hay una crisis y las compañías están de saldo, la gente dice: qué mala pinta."

▶ Ver este segmento — 2:08:00


Gil vivió desde dentro el colapso de Lehman Brothers: "Nadie sabía si había que comprar o vender"

En el verano de 2008, mientras gestionaba un fondo financiero con el 99% de su patrimonio personal invertido en él, Gil intentó vender tres millones de acciones de Unicredit en plena caída libre. La acción fue suspendida tres veces consecutivas por volatilidad extrema y, cuando finalmente reabrió, había perdido más de un 30% sin que se hubiera podido ejecutar ninguna orden de venta. Su socio estaba de vacaciones en Argentina y hubo que interrumpirlos abruptamente. Los clientes —entre ellos instituciones con 20 millones de euros invertidos— llamaban sin parar. El resultado final fue positivo: el fondo ganó más de un 4% en un año en que el sector bancario cayó un 91% y la bolsa general entre un 57% y un 60%, lo que les valió el premio al mejor fondo de su categoría en 2009.

Pero Gil recuerda ese periodo no como un éxito, sino como una experiencia que le dejó una cicatriz duradera. En un despacho, en algún momento de aquellos meses, perdió la certeza sobre si debía comprar o vender: la sensación de operar sin brújula en una situación que nadie había vivido antes. Con el tiempo llegó a perdonarse, entendiendo que todos los gestores del sector estaban igual de perdidos. La experiencia le forjó como inversor conservador y le dio una perspectiva que aplica hoy: quien no ha vivido un colapso sistémico real tiende a creer que el mercado siempre rebota.

"Hubo un momento en que descubrí que no era consciente de si tenía que comprar o vender. Cuando pierdes completamente el criterio, vas sin brújula."

▶ Ver este segmento — 2:24:55


La

▶ Ver este segmento — 2:59:47


Resumen de The Wild Project · 3:18:38. Todo el mérito corresponde a los creadores originales. Jordi Wild resume contenido de vídeo disponible públicamente.

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