El gesto universal que trasciende idiomas, aunque no sea para un salón de baile
Una anécdota sobre una amiga intentando comprar duraznos en Londres sirve como punto de partida para una reflexión sobre las barreras del lenguaje y la elocuencia del cuerpo. A pesar de sus esfuerzos por comunicarse en un castellano improvisado —"mercy, mercy, durasno, 2 kilo"—, el frutero londinens